Consideramos la dimensión comunitaria como un constitutivo intrínseco de la persona humana
“El hombre es, en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás”

(Gaudium Et Spes, 12)

 

Por esto la Ley Federal de Educación propone en su art. 41 :

“ La unidad escolar-como estructura pedagógica formal del sistema y como ámbito físico y social-adoptará  criterios institucionales y prácticas educativas democráticas, establecerá vínculos con las diferentes organizaciones de su entorno y pondrá a disposición su infraestructura edilicia para el desarrollo de actividades extraescolares y comunitarias preservando lo atinente al destino y funciones específicas del establecimiento”.

Los signos de los tiempos nos muestran una clara tendencia al asociacionismo, al diálogo, a la participación , al trabajo en equipo.

La comunidad constituye un aprendizaje de apertura y madurez porque se requieren muchas condiciones y la superación de numerosas pruebas para llegar a la capacidad de compartir la vida, ya que compartir la vida profundamente es compartir la misión de amar.

Toda comunidad debe dar una respuesta viva a las necesidades básicas que busca todo hombre en el seno de los grupos: un clima de verdad, justicia, aceptación , afecto y sentido de presencia valiosa en el seno de las comunidades más amplias.

Por eso se debe cultivar explícitamente una conciencia lúcida de su identidad y misión, relaciones personales enriquecedoras por el intercambio de vida  y experiencia, y debe crear un clima propicio para la participación corresponsable que lleva a sus integrantes a una mayor madurez.

Es desde la misión que la comunidad se abre para generar vida en la vinculación con las distintas comunidades sociales que la rodean, que se nutren de ella y que la nutren desde el intercambio de sus riquezas.